Que el ser humano tiende a competir y superar a sus congéneres es algo tan antiguo como la Naturaleza, y se lleva en los genes. Igual que hacen la mayoría de los animales por instinto.

Sin embargo, a veces ese espíritu de superación lleva a situaciones dantescas.

En el caso del terremoto de Haití, ha ido surgiendo una escalada de a ver quién dice la locura más grande sobre el suceso. Hace unos días hablaba de la burrada que dijo Munilla acerca de la catástrofe (mi amigo el buen doctor también ha publicado su comentario al respecto), queriendo comparar la terrible catástrofe y la situación horrible en que viven ahora los haitianos con la situación moral y espiritual de los españoles.

Sin embargo, ya alertó Rinzewind en su blog que algunos ponen el listón más alto, como el telepredicador Pat Robinson, que dice que el terremoto es el precio que pagan los haitianos por su pacto con el Diablo. Espeluznante.

Pues bien, hay una teoría conspiranoica aún más desconcertante: que el terremoto no fuera un desastre natural, fácilmente explicable por la ubicación geográfica de la isla en las proximidades de los bordes de una placa tectónica (no olvidemos que La Española se trata de una isla con fuerte actividad sísmica, y que ha sufrido terremotos igualmente devastadores en el pasado), sino provocado por los americanos a través de su proyecto HAARP, cuya finalidad oficial (entender los procesos que tienen lugar en la ionosfera) oculta algo mucho más siniestro. Y sí, el proyecto es un caldo de cultivo para los conspiranoicos, porque ya se sabe que la imaginación es mucho más divertida que la realidad.

¿Quién dijo que la realidad siempre supera a la ficción?